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Artículo de Manuel Calvo Salazar publicado hoy en El Correo de Andalucía.
Liberar el centro histórico
Manuel Calvo Salazar. Consultor especialista en movilidad sostenible.
Desde hace casi dos años, Sevilla posee una Ordenanza que alude a la restricción del tráfico privado de automóviles en el interior del casco histórico. En esta norma, se deja bien claro que la almendra conformada por las calles que circundan el Centro constituyen el límite máximo de penetración de los vehículos privados de los no residentes, a menos que se tenga una autorización de paso, se sea cliente de algún hotel, se proceda a la carga y descarga, u otros motivos previstos en dicha Norma.
Desde hace casi dos años, se está a la espera de que se culminen los trámites administrativos y técnicos que permitan poner en marcha dicha norma. El objetivo es claro: reducir la intensidad y la cantidad de tráfico motorizado en el centro histórico.
En mi triple condición de residente del Centro (y cliente de su tejido comercial), ciudadano de Sevilla y especialista en temas de movilidad, no puedo estar más de acuerdo con esta Norma. Veámoslo por partes.
Residente: Las calles del Centro, como todo el mundo sabe, no tienen sección suficiente para acoger al coche. La vida diaria de sus residentes está condicionada por la presencia constante de vehículos, que nos dificultan el tránsito peatonal. Es tremendamente difícil andar con un carrito de bebé (tengo dos niños pequeños) o un carro de la compra. Los coches lo invaden todo: aceras, pasos de cebra, esquinas, etc. El aparcamiento en superficie, aun las plazas legales, reducen la sección de aceras hasta extremos ridículos. La circulación constante de vehículos pone en peligro nuestra integridad física y la de nuestros hijos (un atropello de un niño por un coche a 30 km/h es sencillamente LETAL). El ruido de los vehículos en calles estrechas hace insoportable la estancia en ellas. En definitiva, la calidad de vida de los residentes se ve claramente disminuida a causa de la presencia de tantos coches.
Ciudadano de Sevilla: cuando viajo, y lo hago asiduamente a causa de mi trabajo, tengo posibilidad de comprobar cómo medidas de restricción del tráfico privado en los centros históricos están en marcha en casi todas las ciudades de cierto rango. Es cierto que existen diferencias sustanciales entre ellas; pero todas poseen el mismo denominador común: el tráfico privado ha de ser restringido. Desde el punto de vista de la actividad económica del Centro, no es posible defender hoy que un acto de restricción del tráfico privado en zonas urbanas perjudique ni al comercio ni a los negocios situados en él. Algunos auguraron el desastre tras la peatonalización de la Avenida. Nadie hoy puede negar que dicha actuación ha atraído a un número de personas sin precedentes hacia el Centro.
Especialista en movilidad sostenible: desde el punto de vista de la técnica de movilidad, existen razones de sobra para justificar medidas de restricción del tráfico privado, más allá de las puramente derivadas de la mejora de la habitabilidad del espacio urbano. Problemas como el cambio climático, la dependencia energética, la mejora de la salud y de la calidad del aire se añaden a la cesta de motivos por los cuáles, no es sólo aconsejable, sino también obligado restringir el tráfico privado. Esta restricción, repito desde el punto de vista técnico, debería ser aplicada en todas las zonas de la ciudad central, atendiendo a peatonalizaciones selectivas en todos los barrios, para que cada cuál tenga un espacio sustancial de actividad ciudadana libre de coches. La buena noticia es que la liberación de espacio urbano que antes ocupaba el coche estaría disponible para los medios de transporte más amables, como lo son todas las formas de transporte público, la bici y el peatón.
Cuando leo las propuestas de ciertos sectores de la sociedad sevillana en contra de medidas de este tipo, siempre pienso que la falta de información y de formación que sufren es total. La influencia de la que disfrutan es, asimismo, absolutamente injustificada. Las propuestas que están lanzando (por ejemplo, construir aparcamientos en la Alameda o en la Plaza Nueva) demuestran que su visión de la ciudad no se ha movido desde hace treinta o cuarenta años.
Cuando analizo en profundidad los datos disponibles y pienso sobre las medidas que se están aplicando en nuestra ciudad con el objetivo de mejorar la sostenibilidad de su modelo de movilidad, lo único que lamento es que no se hayan aplicado antes y con mayor decisión. La mejora de la red de autobuses, por ejemplo, debería estar apoyada en la construcción de una red completa de carriles-bus a costa del espacio que hoy utiliza libremente el vehículo privado. Medida, por cierto, que ha disfrutado de la oposición de los sectores de la sociedad sevillana que hoy se “rasgan las vestiduras” por el insuficiente desarrollo de las redes de transporte público al Centro.
En los tiempos de crisis por los que atravesamos es hora de aplicar medidas imaginativas, aunque contrastadas suficientemente en otros ámbitos urbanos. El hecho de que Sevilla haya multiplicado por diez su número de ciclistas en sólo tres años, me hace ser optimista sobre la capacidad de la sociedad sevillana para asumir y acoger este tipo de propuestas, pese a que algunos insistan en no cambiar absolutamente nada.
Los planes del Ayuntamiento para restringir el acceso del vehículo privado en el centro histórico permitirán mejorar las condiciones de vida de los residentes, incrementará los niveles de habitabilidad urbana en sus calles, lo cuál supondrá un beneficio directo a su tejido comercial, y pondrá a Sevilla en la vanguardia de la movilidad sostenible en Andalucía y España, y ello constituiría, sin duda, una mejora en sus condiciones de competitividad. En definitiva, restringir el vehículo privado en el casco histórico es, en realidad, LIBERARLO del encorsetamiento que supone que sus calles estén ocupadas permanentemente por coches aparcados o en circulación.
Por todo lo anterior, creo sinceramente que no existe ninguna razón ni técnica, ni social, ni económica ni, por supuesto, ambiental, para oponerse a medidas de este tipo. Los que lo hacen, o bien son ignorantes de la realidad urbana moderna, o bien lo hacen para satisfacer otros intereses.
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